Ya nada queda de aquellos viejos momentos en donde uno quedaba perdidamente hundido en la mirada de esa persona, que por razones desconocidas, lo impactó de manera sobrenatural. Ya ahora lo físico, lo material, el acostumbramiento, o el solo hecho de la necesidad de afecto son suficientes para querer estar con alguien. Ya no se necesita del amor para estar en pareja, con un te quiero ya basta para ser “novios”. Siendo que hay muchos que para conseguir algo no tienen dificultad de inventar un mundo de maravillas, hay otros a quienes les cuesta sincerarse con su prójimo por miedo a lastimarlos.
Y es que esta sociedad a todo lo moderniza, tanto, que cada vez se pierden mas valores, mas costumbres, los sentimientos verdaderos se omiten y el pensar de los demás es muy influyente sobre nuestras propias acciones. ¿Cuántas personas felices existen en este mundo? ¿Cuántas son aquellas que están contentas con lo que eligieron?
Supongo que muchas veces la felicidad se ve bloqueada no tanto por causas que están lejos de nuestros dominios, sino también por cuestiones de que uno no se permite vivir la vida plena de cierta manera, ya que si no somos seres totalmente espontáneos, somos sujetos que continuamente estamos pensando el paso que vamos a dar, como extremistas obsesivos, que si no estamos en el polo norte, estamos en el polo sur, cuando también es posible estar parado en un punto medio para ver ambas caras de la misma moneda, y por ende actuar de la mejor manera posible.
No hay que olvidar mencionar que si con quien estás no eres feliz, siempre es fácil buscar alguien más allí afuera para que te llene un poco el vacío que no pudiste llenar, total el otro jamás lo sabrá, al menos eso se cree hasta que luego se termina el teatro.
Estar solo no es malo, al contrario, es esperar o estar buscando algo que realmente sea del gusto de uno, inconscientemente, que sin explicación alguna te haga elevar sentimientos internos que creías muertos, pues todo sentimiento así este muy dormido, siempre hay alguna campana que se hace escuchar; y sin hacerle caso a los apresuramientos del mundo, uno se puede manejar mejor con sus tiempos hasta que llegue la hora en que las dos agujas del reloj se junten. Todo es cuestión de hacer las cosas con calma y de no sobreponerse tanto a la verdadera felicidad.
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