Existen momentos en donde uno calla para no alejar aquello que el destino nos ha puesto en el camino. Más allá de que eso sea algo que nos cautive todos nuestros sentidos, no lo podemos ver, no lo podemos tocar, no lo podemos amar…
Tanto la cabeza como el corazón se unen en su confusión, ambos discuten el “qué es lo que hay que hacer”, si partir de nuevo a nuestro oscuro mundo de falsedades y de sentimientos fingidos, o quedarse a sufrir en donde se está ahora.
Buen afortunados quienes nunca pasaron por esto. Muchas felicitaciones si son dichosos en todo lo conseguido. Esto no es parte de una ironía personal, al contrario, es agradable saber que a esto no lo viven todos, o que quizás si, pero en menor grado.
Las personas no somos todas excepcionales en todo lo que realizamos. Nuestra vida se torna interesante, llena de emociones, de alegrías y depresiones. Es un combo de experiencias que se va adquiriendo. Es un complot contra uno y un regalo para uno. Se vive, se es, se sufre, se muere… se hace de todo y a la vez no se termina haciendo nada. Tejemos un presente y un futuro muy apego. Guardamos un pasado muy determinante, pero solo apenas influyente en personas normales.
Miren que cantidad de cosas se pueden desprender de nosotros. Que si en veinte años ya se piensa así, como será llegar a los cuarenta, incluso si la vida lo permite, a los setenta u ochenta. Es tan asombrosa la cualidad de la imaginación, que muchas veces suplanta a las máquinas del tiempo, pero también podemos perdernos en su distorsión misma.
Y ahora hasta el mismo que escribe se pregunta ¿qué fue del tema de ese amor que al principio de está narración se discutía? Si tuviese que responderlo diría “y nada, no quedo en nada porque jamás pudo ser”. Seguramente alguien tiene mejores respuestas a la postulada, pero se tiene que tener en cuenta que como todo valor de saber, es un privilegio no revelarlo en su momento. Quizás deberíamos hacernos amigos del silencio, y por un momento darle prioridad a otros asuntos de gran interés, que como tal benefician u ocupan total atención, y que cuando su llegada es inesperada, son debidas y oportunas para todos nosotros. Es mejor tener presente todo esto último que dije, que cerrarse en algo que no tiene solución, o al menos por ahora.
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